El ODS 14 y las falacias del mar

EConomia_Azul

Mendoza, la ciudad desde donde se escribe esta columna, es parte del ecosistema de secanos andinos del este de los Andes, que se extiende desde el trópico de Capricornio hasta el inicio de la Patagonia Argentina.

Nada mejor que un desierto para afirmar que poco es lo que podemos hacer por el ODS 14 de Naciones Unidas.

Ciertamente este pensamiento falaz de “marineros que no se mojaron los pies en ningún mar” para cerrar las puertas a las oportunidades y desafíos que implica proteger el vida bajo el agua.

En ese sentido esta columna de hoy pretende señalar que existe un importante de nivel de actividades y financiamiento en los que la actividad logística tiene amplias posibilidades de colaborar, aún sin que jamás hayas probado el sabor salado del agua del océano.

En este caso nos estamos refiriendo a una serie de actividades que se han enmarcado dentro de lo que se conoce como “Economía Azul”. Lejos de se un sector en el que los fondos falten, en realidad lo que sobra es dinero y lo que falta son organizaciones que quieran tomar los fondos para contribuir con las metas propuestas en los Objetivos de Desarrollo Sostenibles del 2030.

Siendo el Caribe la región que más acciones ha llevado adelante en tal sentido, es relativamente poca la participación que la región tiene en el reparto de los fondos. Este es en gran medida porque son acciones realmente eficientes que con poca inversión en infraestructura tiene enormes impactos en los ecosistemas. Nada ilógico si pensamos que esa región es quién más conoce y ha estudiado la huella que su actividad tendiente al desarrollo implica para su propio hábitat.

Tendencias de la economía azul – ¿qué podemos aprender del Caribe?

Sylvia Dohnert señala para Themys, que a pesar del esfuerzo que el Banco Interamericano de Desarrollo está realizando es importante el remanente de fondos que les queda año a año y que hasta el momento la participación del sector “Logística” es nula o muy escasa en el terreno de la Economía Azul.

La economía azul – definida como actividades económicas que utilizan los recursos marinos o fluviales de manera sostenible – se esgrime como una posibilidad de expandir el crecimiento de muchos países del mundo. La economía azul emplea un gran porcentaje de la población global, y su contribución se estima conservadoramente en US$1.5 trillones anualmente, aproximadamente 3% del valor agregado global. Desde Australia a San Diego, diferentes gobiernos nacionales, regionales y municipales están impulsando políticas públicas destinadas a estimular el desarrollo de esta economía. Desde el punto de vista del BID, la economía azul es importante puesto que está alineada con cuatro de sus cinco prioridades de la visión 2025: pequeñas y medianas empresas, integración en cadenas de valor, cambio climático, y género y diversidad.

Este entusiasmo por el océano como una nueva frontera de crecimiento está siendo parcialmente alimentada por los avances de la Bluetech – que se refiere a la creciente aplicación de nuevas tecnologías al océano para resolver problemas vinculados a la preservación del planeta y de sus especies, tales como como la disponibilidad de agua potable, seguridad alimentaria, generación de energía limpia, curas para enfermedades crónicas, nuevos materiales, y soluciones contra el cambio climático (secuestro de carbono, prevención de desastres).

Al consultarla sobre las acciones en las que la gestión de la cadena de suministros podría participar y sobre cuales son las propuestas que el BID señala como potencialmente interesantes, se nos indica que hubo una iniciativa presentado por el Dr. John Bartoldi III  con el Georgia Tech, que tenía como alternativa el utilizar modelos matemáticos que tomando los datos de temperatura capturados en el océano de la trazabilidad de cargas oceánicas en containers, pudiera brindar datos de las temperaturas del océano y la atmósfera a lo largo del viaje. Lamentablemente luego del fallecimiento de John no han habido sucesores que continúen esta idea simple pero brillante.

Para los países del Caribe, cuyas economías turismo-dependientes han sido impactadas por la crisis del COVID, hay una expectativa colectiva de que la economía azul y sus tecnologías asociadas puedan ser una nueva fuente de crecimiento económico. Esta expectativa se deriva de la confluencia de varios factores. Por un lado, los países caribeños – especialmente aquellos insulares – desean poder capitalizar sobre los recursos marinos de sus zonas económicamente exclusivas (ZEEs), que son varias veces más grandes que su área terrestre. Por ejemplo, las ZEEs de Barbados, Bahamas, Jamaica y Trinidad y Tobago se estiman en 3.73 millones de kilómetros cuadrados – casi 10,000 veces el tamaño de sus áreas terrestres (de 379,000 kilómetros cuadrados). Por el otro, en la situación actual de alto endeudamiento externo que enfrentan muchos de estos países, el financiamiento concesional luce altamente atractivo, y las organizaciones multilaterales que pueden ofrecerlo están muy interesadas en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) acordados en el marco de las Naciones Unidas para el 2030. Varios de los ODS están directamente relacionados con el océano – por ejemplo, el ODS 14: “Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible” – mientras que otros lo están indirectamente – por ejemplo, el ODS 2 concerniente a la seguridad alimentaria, el ODS 7 a energía, el ODS 6 al agua, y el ODS 13 a combatir el cambio climático. Finalmente, existen varios fondos privados de impacto globales que buscan activamente oportunidades de inversión en la economía azul en el Caribe. Esto es indicio de que el mercado detecta una oportunidad de crecimiento en la economía azul del Caribe y a la vez reconoce el alto potencial de impacto social y ambiental que tendrían estas inversiones.

Dentro del los grupos de trabajo vinculados a este portal el BID ha puesto su mirada en algunos impactos positivos del CEALMA (Brasil https://cealma.org.br/) no tanto por el impacto que sus consultorías tienen sobre la vida en los ríos de la cuenca del amazonas y orinoco, sino por el rol que la mujer desempeña tanto dentro del grupo de trabajo, como en el blanco de las acciones de cambio y concienciación que se forjan por mujeres desde la cuna y para todos.

¿Qué está pasando a nivel de sector privado?

Compete Caribbean ha lanzado tres llamados (uno de ellos en conjunto con el BID-Lab) para apoyar actividades privadas innovadoras en la economía azul. De las estadísticas recopiladas de estos llamados, se desprende que las áreas de mayor interés para el sector privado son: la captura transporte y conservación de muestras en el terreno y su logística inversa, el manejo de desechos marinos y economía circular, la pesca y acuicultura, la restauración de corales y la energía marina. Todos estos temas en los que los colegas que se encuentran en las redes de contacto de Themys tienen importantes contribuciones par realizar.

En términos de reducción de desechos y economía circular, se identifica mucho interés en la recuperación y reutilización de plásticos y de sargazo para producir materiales útiles. En las industrias de pesca y acuicultura, hay mucha actividad en torno a mejorar la trazabilidad y/o sostenibilidad en las áreas de pesca, de manera de garantizar una industria sostenible y cumplir con estándares de calidad/verdes que aseguren acceso a mercados internacionales. En el tercer rubro más frecuente que es el de restauración de corales y arrecifes, las propuestas presentan distintos modelos para el financiamiento de esta actividad, así como tecnologías novedosas de multiplicación rápida de los corales. Otra área de interés significativo es la producción de datos para monitorear el espacio marino, ya sea con el uso de robots, instrumentos automatizados, o interpretación de datos de satélite. Esta última área resalta porque dada la poca población de estos países y sus escasos recursos en comparación a la extensión de sus áreas marinas, hay un vacío grande en el tema de recolección de datos y monitoreo marinos, incluso en las áreas protegidas.

Como señala Gunter Pauli – autor de uno de los best seller en español sobre el tema de economía azul- los proyectos de economía azul que está apoyando el Compete Caribbean y LAC de la CEPAL revelan algunos de los vacíos que se deben resolver para desarrollar muchas industrias de la región y que representan un enorme potencial de exportación y generación de empleo.

 

“Nota de Ricardo Palma <rpalma@uncu.edu.ar> con la colaboración y material de prensa provisto por BID Invest.”